No sabría decir si nos vino bien. Cuando asumimos teníamos muy poco tiempo para trabajar, eso es cierto. Pero también lo es que cuando terminamos el partido frente a Perú el equipo venía en alza yUruguay, nuestro próximo rival, en caída libre. Entonces es difícil responder. Si alguien me hubiese ofrecido jugar contra Uruguay después de nuestro último partido, habría aceptado sin problemas. Ahora pasaron varios meses y eso les ha dado tiempo de recuperase. Es como los boxeadores que aprovechan la campana en los momentos difíciles. Pero no hay nada que hacer, la eliminatoria es así y tiene muchos vaivenes.
¡Qué presión ni presión! Yo prefiero jugar siempre de local, lo tengo muy claro. Uno siempre quiere jugar en su cancha porque la conoce, por la gente, porque es tu lugar y te evitas viajar. Sería mucho mejor jugar en Asunción, pues enfrentar a Uruguay en Montevideo y a Ecuador en Quito nunca ha sido fácil para nadie.
¿Qué le voy a responder? “Les venimos a ganar”. Hubo un muchacho que se enojó y todo, terminamos con un incidente en la calle. Primero me saludó bien, lo lógico. Pero cuando me preguntó qué iba a pasar en marzo y le dije que les íbamos a ganar, se ofuscó. “¿Cómo me vas a decir eso?”, me preguntó. Yo soy técnico de Paraguay, no de Uruguay. Por poco nos tenemos que pelear ahí en la calle.
No, claro. Pero hablamos de dos países cultos, con gente amable y civilizada. En eso, Uruguay yParaguay son muy parecidos. En otros países, en un contexto como este, no podría ni salir a la calle. Pero en Uruguay todo el que me cruzaba por la playa me decía algo. Mi familia, en cambio, tiene la Albirroja puesta. Y es que somos de Florida, donde la camiseta es igual a la de Paraguay. Hasta mi nieto la tiene puesta (ríe).
Sí, porque es un equipo que está constituido desde hace mucho tiempo por jugadores que, además, atraviesan una gran actualidad. No es que Uruguay tenga un ciclo terminado: (Luis) Suárez y (Edinson) Cavani están en su mejor momento, (Diego) Forlán volvió a jugar... El equipo está excelentemente dirigido, nada hacía indicar que en cuatro partidos sumaría apenas un punto. Y lo que más me llama la atención es la cantidad de goles que recibió. No esperaba eso.
¡Obviamente! Pero cuidado, que Uruguay sabe que Paraguay es muy peligroso también. Eso es histórico: siempre, en cualquier circunstancia, a Uruguay le ha sido muy difícil jugar contra Paraguay. De hecho, por las eliminatorias, acá en Asunción no le ha ganado nunca y en Montevideo siempre le ha costado. Para nosotros es complicado, pero para Uruguay también va a ser muy difícil.
Por eso dije que hubiese preferido jugar de local, mil veces. Son dos plazas que conozco muy bien personalmente (ndr: Pelusso, uruguayo, vivió siete años en Ecuador). Cuando jugaba subíamos a Quito cada dos o tres semanas. Sé lo que es ir a jugar al estadio Atahualpa, por algo es un fortín. Hasta ahora han ganado todos sus partidos ahí, e intentaremos que no sea así en esta oportunidad.
El primer paso es organizar bien la llegada. Estamos puliendo detalles importantes, como llegar a Quito el día antes del partido y directo desde Asunción. Luego hay que tener en cuenta otras variantes para combatirla. Nosotros, por ejemplo, tenemos varios futbolistas jugando en México, donde hay altura. Y no se olviden que no todos los jugadores ecuatorianos están habituados tampoco, muchos vienen del llano.
Yo tengo una frase muy gráfica: “No conozco ningún jugador de fútbol que se haya muerto por correr en la altura”. Hay que correr y perderle el miedo. Aunque cueste un poquito más recuperarse, sobre todo con el correr de los minutos.
No lo creo. La aspiración de todo entrenador es encontrar la base del equipo, al margen de que siempre pueda haber alguna modificación. Y creo que nosotros la tenemos. Puede que haya algún cambio porque jugamos dos finalísimas entre viernes y martes, pero dos equipos totalmente diferentes no.
Y… es fundamental. En la situación difícil que afrontamos, si no sacamos buenos resultados las posibilidades de clasificar pueden llegar a ser mínimas o nulas. Pero estamos a tiempo. Mientras los números digan que se puede, hasta que el árbitro no de el pitazo final, vamos a luchar con todas nuestras fuerzas.







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