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Messi por las Malvinas, un trueque injusto

El fútbol inglés no encuentre un líder que los represente y un grupo musical le dedicó un tema al astro argentino. El problema de la extranjerización de los clubes.
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Martes 13. Anteayer, mientras Zabaleta, Demichelis y Agüero festejaban el cuarto título del City, en la industrial Manchester, y el trigésimo tercero personal, sumados todos los acumulados por ellos tres, los de sus cosechas individuales a los largo de sus respectivas carreras, aquí en Londres (donde estoy por invitación de Sony Music Internacional para acompañar el lanzamiento de la nueva tournée del interminable Julio Iglesias), parecía que la Premier League no existiese. De deportes había un solo tema políticamente correcto en Covent Garden, Picadilly, Holborn, Kensington o cualquier otro barrio: la victoria de Lewis Hamilton en el GP de F1 de España, que la televisión repitió hasta el hartazgo. Y punto. ¿Fútbol? Como si ellos no lo hubiesen inventado. Ni un comentario. Ayer, fotos pequeñas en los diarios de la ciudad.
No es sólo que aquí también son exitistas y sus clubes candidatos (Chelsea, Arsenal, Tottenham) eliminados de cualquier chance en esta última fecha los desinteresaran. No, más prácticos y realistas que nosotros, saben que no van a ganar el Mundial, están tristes y quieren que 2014 pase rápido como si fuesen ciudadanos clase media argentina. Sus figuras envejecidas, Gerrard, Lampard, Rooney no les generan confianza. Extrañan al salvador de las pelotas paradas, Beckham. Y como no cuentan con un Messi para engañarse, piden –apenas–, pasar la primera fase sabiendo que Uruguay e Italia no se la harán fácil. Saben que sin jugadores no se vence, que no es cuestión de técnicos ni dirigentes…
Los londinenses, que el domingo de 14 grados Celsius palpitaron el campeonato del Manchester City como en Buenos Aires se vive un título de Newell’s Old Boys de Rosario, analizan el motivo de su poca esperanza mundialista y creen que se debe a los magnates extranjeros que compran clubes y los llenan de estrellas de los cinco continentes, desentusiasmando a los jóvenes locales por la falta de oportunidades. ¿Estrellas? Aquí juegan Luis Suárez, Özil, David Luiz, Agüero… pero también hay estadounidenses, neozelandeses, australianos, no debe faltar ningún país del mapa en las canchas británicas. Eso perjudica a la Selección, me dicen todos en un informal desayuno en Manger a Porter que proliferó como cualquier foráneo puede hacerlo aquí sin destruir la industria nacional, tal lo cree Cristina después del fracaso de la era Menem: las fronteras abiertas del menemismo no fueron el problema de los noventa, eso es simplificar. Es tan ‘buena’ la política actual de fronteras cerradas para incentivar lo nacional que el gobierno sale a multar a industriales y productores porque no abastecen a los supermercados: ¿Por qué será?
En las naciones en serio conviven ambas alternativas; querer exportar cerrando la importación es de un infantilismo tal que supera la presunta soberbia que acuña esa actitud. Nación seria es la que tiene ciudadanos serios y, en consecuencia directa, de regla de tres simple, políticos serios. Los ‘argentos’, es decir los miembros de ese sub-país mayoritariamente poblado, que ocupa el mismo territorio de los argentinos, siempre culpan a ‘otro’. A Menem, a Grondona, al técnico de turno, al promedio, a Tula que se arreglaba la media, al referí del domingo… Creen que culpando a otros se eximen de responsabilidades y soluciona el problema. No advierten que así sólo asumen su inexistencia. “Argento no existís” diría la tribuna. Lo que no sería grave si eso fuese verdadero. ¿Quién quiere a esta gente decidiendo algo? Nadie. Pero no, esos que después culpan son los que antes votan, eligen y se sienten dueños de los triunfos pero jamás coprotagonistas de las derrotas. Son los habitantes de la ‘patria burra’. Por eso quieren ganar aunque sea a costa de los Messi y los Di María, como si fuesen enviados de Dios que pueden torcer la realidad. Pueden hacer muchos goles pero no impedir que nos hagan más. Bien repetía Perón aquello de que la única verdad es la realidad.
Los ingleses, al menos, y sin haber escuchado ‘al General’, tienen conciencia de realidad, como dicen los psicólogos. No se inventan un triunfo que, está claro, no será para ellos. Como no lo será para la Argentina.

Algunos aquí, en Londres, para revertir la historia, hasta piden tener a ese Messi que les falta; el grupo musical The Band of God (La banda de Dios) lanzó un clip que sintetiza el problema: no tienen un crack que genere esperanza; la canción se llama ‘If Messi was an Englishman’, ‘Si Messi fuera Inglés’, creen que lo resolvería, aunque también piden a Agüero. No tienen jugadores. Los rockeros dicen que por Messi entregarían las Malvinas y hasta el cuerpo de Margareth Tatcher. Pero no quiere solo a Messi, quieren que se haga inglés porque la extranjerización de los clubes es, en verdad, un problema serio. Italia, después del papelón de 1966, cuando fue eliminada por una entonces más diminuta futbolísticamente que hoy, Corea del Norte, le cerró la puerta a los ‘oriundi’ –hijos de italianos que vivían repartidos por el mundo, como los argentinos Sivori Sívori, Maschio, Angelillo– y así se recuperó, sólo permitiendo uno por club a inicios de los ochenta.
Dicho sea de paso, si Messi fuese inglés nosotros no seríamos nada. Tanto que hasta los de la ‘rubia albion’ como los relataba Fioravanti, tampoco creen que la Selección de Sabella sumará su tercer título ecuménico. No aman a los alemanes pero adhieren al coro universal de que tienen el poderío apropiado para pelearle la Copa a Brasil: los brasileños son los únicos latinoamericanos queridos en el planeta Tierra. Y ellos son los únicos que piensan que Argentina, aunque más no sea por rivalidad vecinal, puede amargarles la fiesta. En Europa no es temida; aquí la Argentina está en el quinto o sexto lugar entre la media docena de potenciales candidatos. Sí, la gente de la Europa que ve jugar a nuestros cracks, en vivo y en directo, todas las semanas…
Hace algunos meses estuve en Francia y Portugal, y hay consenso –en sus hinchas– de que nuestra Selección no vencerá, aunque protagonizará los mejores partidos, con muchos goles. No es secreto para nadie que Argentina tiene el mejor ataque de todos, pero sólo es secreto en la ‘patria burra’ que la defensa es pariente cercano de la de Deportivo Paraguayo (la más vulnerada de los torneos de afiliación directa de la AFA: 58 goles en 34 partidos). Los portugueses se aferran a Cristiano Ronaldo y a un equipo titular sólido; y ven en sus canchas a algunos argentinos seleccionados que no les inspiran respeto: Marcos Rojo es tenido, apenas, como un violento; Garay no tanto. Los franceses creen en Ribery, Benzemá y Cia mientras ven en el banco de suplentes de sus clubes a jugadores que en nuestro país son endiosados, caso Pastore, y al arquero titular de la Argentina (Romero).
Todos creen que si no lo tuviésemos a Messi ni habríamos clasificado. Por eso y por las dudas, me opongo por injusto al trueque de Messi por las Malvinas, dos islas, una de raro talento y la otra geográfica y de inusuales significados. Me opongo porque sabemos concretamente para qué sirve Messi; la verdadera utilidad de las Malvinas, hasta ahora, la desconocemos. Sospecho que sale ganando Inglaterra: Messi los ayudará mucho en el Mundial, en cambio qué podemos hacer los Argentinos con las Malvinas que en siglos sólo hicimos una guerra perdida y a su vecina continental, la Patagonia, tanto la hemos olvidado que Chile casi se nos lleva una parte y el abogado y noble francés Orélie Antoine de Tounens, por poco no la transformó en el Reino de Araucanía, con capital en la ciudad de Perquenco.
Vuelvo a cruzar el Canal de la Mancha. Antes que hablar del título de Zabaleta, Demichelis y Agüero, asunto que lastima su corazón, tras elogiar a su piloto Hamilton –nacido en Stevenage, zona Norte de la ciudad– y queriendo buscar una esperanza para su Selección en el Mundial, los londinenses prefirieron pasar el día comentando el doble milagro de su compatriota, del condado de Kent, Maria Neal que despertó de un coma, según los médicos irreversible, cuando escuchó la música que había tocado en su casamiento 21 años atrás: ‘Unchained Melody’, del dueto americano Righteous Brothers. Revivir una desahuciada es un milagro y el motivo que lo logró es otro milagro. Un hincha del Hotspur que aún recuerda a Ardiles y Villa luciéndose a fines de los setenta, dice que si alguien puede ‘resucitar’ con la música de su matrimonio de dos décadas, nada está perdido: “al revés de esta mujer, yo creo que la música de mi boda hoy me mata”, grita medio en broma y medio en serio, aunque risueñamente porque su esposa está a su lado.
Personalmente creo que vale para ambas cosas, revive y mata; caso a caso… Como, bien humorado, aprueba el mejor productor musical argentino que hoy maneja a Julio Iglesias y a todas las voces hispano-portuguesas que graban en Sony, Afo Verde, el inventor de La Zimbabwe que, además de producir los discos de cientos de solistas como Charly Alberti, consiguió que Natalia Oreiro cantase y vendiese un millón de discos…
Todo es posible. Para los ingleses comatosos, en hospitales y partidos de Selección, para algunos matrimonios, según el ejemplo de Kent, para la linda Oreiro y para soñar con una canción que transforma a Messi en inglés… Pero no sé si la esperanza será posible para el equipo de Sabella, porque allí no hay música resucitadora que valga, no hay Marsellesa que envalentone, ni canción de bodas original, porque este equipo nunca se casó del todo con la gente, prometiendo amor, tolerancia y respeto ‘hasta que la muerte nos separe’; apenas formó concubinato cuando asumió Sabella, pero no más que eso… Ni siquiera el himno nacional que, sospecho, ensayará una nueva versión adaptada para la divisa celeste y blanca, en esta Copa, donde el grito no es sagrado sino desesperado. Aprovechando que Sony Music es la grabadora responsable por el disco del Mundial, mañana le pediré a Afo Verde que componga y produzca algo que revierta las chances de su Argentina, de nuestra Argentina; que motive a Messi y Di María,¡ y concentre a los de atrás! Si no la cantan Claudia Leite, Pitbull o Jennifer Lopez que la cante Julio Iglesias que lo tenemos aquí en el Royal Albert Hall. ¡Ya mismo! Antes de que sea tarde y, con el madrileño precisamente, tengamos que entonar su hit ‘Me olvidé de vivir’ y convirtamos en realidad el tema de La Banda de Dios.
Pongo un poco de humor porque quiero ser optimista, deseo que Argentina gane (motivos para el intento me sobran: por ejemplo, casi toda mi familia me visitará en Brasil, coincidentemente cuando se juegue el Mundial; y un montón de amigos –nunca tuve tantos– pasará por casa; ¿un motivo más? quiero que tengamos un título Mundial limpio de culpa y cargo, sin la mancha de la Dictadura del ’78 –el 6-0 a Perú– ni la trampa de la ‘mano de Dios’ del ’86; ¿otro motivo?: lo que más me gusta de la Argentina y más me engancha con ella, es su fútbol, lo único que –todavía– no destruimos totalmente), pero creo que voy a morir en el intento… Muchos elementos me indican que Zabaleta y Agüero este año no volverán a festejar. Cierro con una contrapropuesta: les cambiamos las Malvinas por todos los defensores, incluyendo arquero, que son como las islas Soledad y Gran Malvina, son nuestras pero no sabemos bien para qué sirven…
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IN TEMPORE: acostumbrado a compararla con San Pablo, aún sabiendo que lo hago con más memoria que presente, siempre digo –cual ‘argento’ de los muchos que critico–, que Buenos Aires es una de las ciudades más lindas del mundo. Ya no lo es, es otra de las tantas cosas que destruimos. Reveo Londres, que tiene todas las novedades de New York y las antigüedades de Roma, París o Madrid, y como algodón en agua caliente, Buenos Aires se me achica al tamaño de la Selección: más mito que otra cosa, un Messi por aquí y un Di María por allá, pero de conjunto, nada.
Bien, allí está la letra completa de la inglesa Banda de Dios que quiere devolvernos las Malvinas si les damos a Messi para el Mundial:
If Messi was an englishman
We’ve got Stevie G, Jackie Wilshie
And thankfully, no JT
Wayne Rooney and two Dannys
But what we need is one Messi

We’ve got Cahill, Carrick, Bainsey
Ross Barkley and Frank Lampey
Sterling, Smalling, wait and see
But what we need is one Messi

We’ll Tango in Trafalgar Square
We’ll Samba round the Cenotaph
We’ll waltz our way down Wembley Way
Once all of FIFA’s bribes are paid
And Messi is an Englishman

If Messi was an Englishman
If Messi was an Englishman
If Messi was an Englishman
If Messi was an English Man

We’ll send you back to your favela
With your flags of green and yella’
As Spaniards choke on their chorizo
And we puke in their paella

No pasta, snails, or brussel sprouts
Schnitzels, Edam, it’s all out
Three lions just eat vindaloo
And maybe some asado too
And there aint a damn thing you can do
Once Messi is an Englishman

We’ll Tango in Trafalgar Square
We’ll Samba round the Cenotaph
We’ll waltz our way down Wembley Way
Once all of FIFA’s bribes are paid
And Messi is an Englishman

If Messi was an Englishman
If Messi was an Englishman
If Messi was an Englishman
If Messi was an English Man

We’ll be at the Copa, Copa del Mundo (world cup)
Copa, Copa del Mundo…
Copa, Copa del Mundo
Copa….and we’ll all be singing

*Vamos vamos Inglaterra
vamos vamos a ganar
que esta barra quilombera
no te deja no te deja de alentar.

*(Argentinine football anthem in the style of a chanting football crowd with argentina replaced with england)
We’ll give you Las Malvinas
And Thatcher’s body too
Just give us the Messi-ah
And maybe KunAguerro too

then
We’ll Tango in Trafalgar Square
We’ll Samba round the Cenotaph
We’ll waltz our way down Wembley Way
Once all of FIFA’s bribes are paid
And Messi is an Englishman

If Messi was an Englishman
If Messi was an Englishman
If Messi was an Englishman…
If Messi was an Englishman
If Messi was an Englishman
If Messi was an Englishman
If Messi was an Englishman
….and Hodgson was an Argentine!!!

(*) Director Perfil Brasil y creador de SoloFútbol.

El país de la Gata Flora, Sabella y la fórmula TVR

A la Argentina lo bueno se le acabará en el aperitivo -primera ronda- y no llegaremos al postre -la final- del Mundial. La selección no reúne ninguno de los dos requisitos: no tiene equipo ni plantel.

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Las tres primeras Copas del Mundo forman parte de la gloria y la memoria futbolera, y está bien que así sea, pero ingresan rengas a sus estadísticas porque no fueron representativas de la realidad. En 1930 hubo nueve países del continente americano y apenas cuatro de Europa –en el resto del mundo aún no había selecciones relevantes–. Esas cuatro europeas no sólo no eran las mejores, también llegaron improvisadas: la de Rumania, por ejemplo, la integró un equipo de obreros de la industria del petróleo, operarios de la inglesa Anglo-Persian Oil Company, actual BP, y por eso ‘más o menos’ jugaban bien al fútbol. De los nueve conjuntos de este lado del planeta, siete eran sudamericanos (los otros dos, México y Estados Unidos), por ello no extraña –al margen de otros muchos méritos– que la final la jugasen Uruguay y Argentina… aquel país de argentinos, todavía sin ‘argentos’, que supimos desperdiciar. 

Así como la primera fue la Copa con más sudamericanos de la historia, la que menos tuvo fue la tercera, la de Francia en 1938: apenas un solo país representando al subcontinente: Brasil (no faltó a ningún Mundial); de quince participantes, una docena eran europeos, más Indonesia –entonces llamada Indias Orientales Holandesas– y Cuba. Ya el Mundial de 1934 había sido poco equitativo, solamente dos ‘de aquí’ entre 16 concurrentes: la Argentina con un equipo 100% amateur y Brasil. Los otros: doce europeos, un africano –Egipto– y los Estados Unidos. Además, esas dos Copas fueron expoliadas por el fascismo. Poco valen deportivamente hablando.

Después llega el silencio de los años cuarenta y (mal) se retoma la disputa en 1950, con nada más que trece participantes, como en el primer mundial –la menor cantidad de todas las Copas–, pero con cinco sudamericanos: el segundo más alto porcentaje de todos los tiempos, casi el 40%, sólo inferior al 54% de 1930. Pena que jugaron los que pudieron costearse el viaje –tras la empobrecedora Segunda Guerra Mundial– y no los mejores. De ‘este lado del mundo’, de los grandes únicamente faltó la siempre enojada Argentina peronista. En 1954 se recuperan los 16 participantes originales, pero el panorama empeora para Sudamérica, porque pierde el terreno conquistado, al punto que apenas la representan dos naciones, Uruguay y Brasil. Perón seguía irritado porque no la organizaba; ergo, no podía hacer demagogia. Además, México y Corea del Sur; el resto, doce europeos. 

Las cosas comienzan a parecerse a la normalidad en 1958 aunque de nuestro subcontinente juegan tres naciones: Brasil, luego campeón, la Argentina que regresa después de la ‘Revolución Libertadora’, haciendo su mayor papelón, y Paraguay. También México; ningún asiático ni africano. Por segunda y última vez se repite la irregularidad de que Europa organice dos ediciones seguidas, único continente que tuvo ese ‘privilegio’. Aquí, claramente, termina una segunda etapa. Si los títulos de los tres primeros Mundiales no valen más que un cuarto de estrella, los tres de esta década debiesen valer media estrella. 

Los Mundiales comienzan a ser un poco ‘mundiales’ de verdad, por presencia universal y equilibrio de fuerzas, en 1962 donde hay cinco sudamericanos jugando, por el hecho de que uno de ellos es el anfitrión, Chile. Más el seleccionado de México y diez europeos; aunque siguen ausentes los restantes tres continentes. Ya, desde 1966, siempre hay por lo menos cuatro sudamericanos y algún representante de otras regiones. En los años sucesivos se van manteniendo países de continentes antes no considerados, como África, o sin méritos para llegar a la instancia decisiva, como Oceanía. Así, los títulos de las Copas de 1966, 1970, 1974 y 1978 merecen por lo menos ¾ de estrella. 

Recién a partir de España 1982, donde por primera vez participan 24 países, y hasta 1998, cuando pasan a intervenir 32 naciones, dejando a Europa por primera vez en inferioridad (respecto del total), el título vale una estrella completa. Y las cuatro últimas Copas, precisamente por abarcar el mundo en su totalidad con esas 32 selecciones, surgidas de Eliminatorias sin discriminación alguna, suman una estrella y media cada una. Ahora sí, los Mundiales son como, tal vez, lo soñó su impulsor el francés don Jules Rimet y concretó el brasileño João Havelange. 

Bien, desde el nacimiento de esta etapa moderna, por primera vez en Brasil 2014 estarán en cancha ocho campeones del Mundo –todos– y, en paralelo, seis sudamericanos. Más dos selecciones del norte de América y dos caribeñas. Diez representantes de nuestro continente constituyen un récord absoluto. Nunca hubo tantos americanos (en 1930 fueron nueve: siete del Sur y dos del Norte). La de Brasil 2014 será, así, una Copa diferente (ojalá que mejor) a las anteriores. 

Además, las seis selecciones sudamericanas clasificadas son, hoy por hoy, las mejores de la región; una participa por ser local pero es la más indiscutida de todas, Brasil; otras cuatro marcan presencia porque clasificaron legítimamente en la respectiva Eliminatoria; y la restante porque llegó vía repechaje intercontinental, Uruguay. Merecía estar: el artífice del histórico ‘Maracanazo’ no podía faltar a esta cita. Pena que Uruguay no tuvo la suerte de la Argentina; la oncena ‘Charrúa’ en la Primera Fase no jugará en Porto Alegre, la Sede más cercana a su frontera (tres horas largas por carretera desde Rio Branco / Jaguarão: 348 km). 

Sólo se sentirá la ausencia de Paraguay, que en las ediciones anteriores fue un animador interesante y, además, por su vecindad con el anfitrión contaría con buen apoyo de su gente: imaginémoslo jugando en Mato Grosso, casi en casa de verdad; pero la felicidad nunca es completa y tampoco podría serlo. Paraguay está mal, su presente generación no llena el formulario de exigencias de una Copa tan disputada como promete ser esta vigésima edición, aunque posiblemente no sea un equipo inferior a otras que estarán en Brasil, incluyendo Estados unidos y México y, sin dudas, es más que las dos centroamericanas (Costa Rica y Honduras). También es más que Perú, Bolivia y Venezuela las otras del cono Sur ausentes. 

Está bueno que haya muchos sudamericanos, porque matemáticamente crecen las chances de empatarle la cantidad de títulos (9 a 10) a Europa. Pero, hay un problema: difícilmente ese país sudamericano será la Argentina, superior a tres cuartos de los participantes, pero inferior a la media docena de aspirantes al título. Lo bueno para nuestros muchachos se acaba en el aperitivo –fase de grupos, donde además de rivales débiles aparecen desatinos como el de la lista de los 30 pre-convocados de Nigeria que no son los elegidos por su técnico– y la entrada –octavos de final–. Con suerte se les servirá el primer plato, el de cuartos de final, difícilmente el segundo plato, el de Semifinales; pero, y de esto no hay dudas, postre no habrá. Al dulce no llegamos. La Argentina no tiene un gran equipo ni siquiera un buen plantel que es lo que más se precisa para conquistar una Copa. 

Salvo Brasil en 1962, que usó 12 jugadores en todo el torneo (eran más cortos, aunque no tanto –se precisaban seis partidos en vez de siete para consagrarse finalista–), el resto apeló a bastantes cracks para ganar, necesitó usar más jugadores de alto rendimiento para consagrarse: hasta la ‘Celeste’ uruguaya de 1950 que la tuvo fácil como pocos –fue campeón del mundo jugando apenas 4 partidos– utilizó 14 jugadores… La historia demuestra que se requiere algo más que tres estrellas (Messi, Agüero y Di María) o cinco buenos (agreguemos a Higuaín y Mascherano); se precisa tener un equipo, antes que nada y, de ser posible, un plantel satisfactorio, casi un segundo cuadro, parecido al titular. Argentina no reúne ninguno de los dos requisitos, no tiene ni equipo ni plantel. Hoy los tienen, principalmente, Joachim Löw en Alemania, todavía Vicente del Bosque en España y, tal vez Scolari / Parreira en Brasil. Pero no Sabella. 

Argentina son dos mitades que no combinan entre sí, no encajan aunque por momentos se piense que una, la de arriba, compensa a la otra, la de abajo. No. Eso no es un equipo, es un déficit. El plantel es peor. Además, cada fin de semana se cae del Mundial, por lesión, algún jugador de cualquier Selección, incluyendo nuestros nacionales, caso Gago. Eso muestra que quien conquiste el título precisará de un gran once y de un surtido plantel. Doce jugadores como aquel Brasil que apenas usó a Amarildo, en los cuatro partidos que no jugó el lesionado Pelé, es un número que nunca más podrá repetirse. La de 2014 posiblemente sea, de acuerdo a recientes previsiones, la Copa con más lesionados entre todas las ya jugadas. Nunca como ahora harán tanta falta los 23 de la Lista de Buena Fe. 

De todos modos, y empeorando el caso de Argentina, la descompensación defensiva resta mucho más de lo que suman Messi y compañía. En general se piensa lo opuesto, gran engaño. Para encarar ese problema, la mejor receta que Sabella puede intentar es la de TVR: usar lo que producen los demás y potenciarlo con sus pocas estrellas. Esto es fabricar contenido propio partiendo de lo que originan los demás; conocer a los rivales para que Higuaín los perfore; saber por dónde atacarlos con Messi y Agüero abiertos; descubrir el punto débil de todos los mediocampistas que se pongan enfrente para que Di María saque provecho de esa ilustración; saber bien cuál es el hombre que debe anular Mascherano. Nada de confiar en el talento argentino como, más o menos, especuló Maradona en Sudáfrica. 

Será lo único que lleve un poco más lejos –tampoco tanto– a la selección del sereno Sabella que, me parece, tiene conciencia de que no será campeón. Pasa la idea de tener la cosa más clara que el 99% de sus compatriotas. No integra la ‘patria burra’ del ‘porque tenemos a Messi’ como, también medio creyó el Tata Martino cuando desembarcó en el Camp Nou y deshizo todo lo que Guardiola había construido en el Barcelona. Sabella tiene que extraer más del productor de TVR, Diego Gvirtz, que de cualquier manual de fútbol propiamente dicho. Siempre que fuimos ‘con la nuestra’ nos volvimos frustrados, inclusive cuando teníamos buenos jugadores como en Suecia ’58 y España ’82 por citar dos Mundiales. 

Así las cosas, disfrutemos la fase de grupos porque después habrá que sellar el pasaporte y reservar asiento en Aerolíneas… Abro el paraguas y sigo con un ejemplo mediático: la Argentina no perderá porque yo, pesimista, lo diga; como De la Rúa, pobre, que todavía cree que su gobierno se derrumbó porque lo cargaban en ShowMatch… La Selección perderá porque no puede ganar; sin defensa no se vence en el fútbol actual que poco aprecia a los talentos o, en el mejor de los casos, fácilmente los marca corriéndolos, pegándoles, agarrándolos, usando la complacencia de los árbitros hasta conseguir que el seguro mundialista los de de baja por ‘destrucción total’. 

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IN TEMPORE: Por la columna anterior (la Argentina gris e inútil), como en otras anteriores, se me acusa de provocar. No sé bien si provocar contracciones, algún córner, efectos colaterales o qué. Sólo sé que la verdad es provocativa a muchos oídos. Lo siento. O no; depende de cada caso. No soy ni aspiro a ser políticamente correcto. Ni incorrecto. No quiero apuntar ni estar en la mira cuando se aprieta el gatillo. No busco aplausos ni críticas. No soy peronista ni radical. Ni ‘anti’ ni ‘pro’ nada, al menos en esta Argentina que me recuerda aquello de Roberto Bolaños: “En estas desolaciones, padre, donde de tu risa sólo quedan restos arqueológicos”… Se llevaron la risa, no dejaron ni sonrisas. No hay alegría donde reina el disparate y se consagra la traición (Lanata y el uruguayo son dignos / indignos ejemplos y sus camaleónicos seguidores también). Soy tan agnóstico en la religión universal como en la política ‘argenta’: me cuesta creer, creerles. A los curas, a los políticos y a los colegas. 

¿Provocar? ¿A quién? ¿Por qué? Si fuese una reflexión, me alegraría, pero no llego a eso. A esta altura sólo pretendo decir lo que pienso, lo que sospecho auténtico y aquello que por convencimiento me parece verdadero. Sea la euforia perdedora de los Pumas, el robo anunciado a Maidana, el dislate filo peronista o la eterna inoperancia radical. Y lo digo de la manera que me surge. Sólo no quiero ser injusto. El resto, mientras me sepa honesto, no me incomoda. Me importo con los principios clásicos de la Humanidad y una antigua escala de valores soterrada por las nuevas generaciones. De lo bueno rara vez escribiré, no apenas porque en la actual Argentina es un elemento escaso, sino porque estoy entrenado para ver el defecto antes que a la virtud: hace al ADN de esta profesión que disfruto y padezco hace cuarenta y cinco años. 

No busco votos ni rating. Lamento si se enojan los del rugby, los ‘K’, los que no ven al ‘Chino’ más allá de su coraje, los radicha, los que creen que Merlo merecía una estatua en mi querido Racing, los que, los que, los que… Copio al comediante americano Bill Cosby: “Desconozco la fórmula del éxito, pero sé que la del fracaso es intentar agradar a todos”. No quiero agradar a nadie, ni busco fama, ni ir al bailando como la diputada Sandra Mendoza, no lloro por estar como la Xipolitakis. Ni sé bailar, o sea soy menos que todos ellos, no le gané a nadie y tampoco pretendo ganar la carrera de la nada que es la única que se corre en la Argentina. No participo de las redes sociales, no hago selfie con mis tatuajes porque no tengo ninguno. Nada. 

Simplemente escribo una columna en este ‘Elísio’, donde se puede escribir sin necesidad de defender una bandera política ni un negocio ajeno al periodístico. Ahora, si eso es provocar… En Argentina provocar es decir ‘A’. Quieren ‘B’. Digo ‘B’, quieren ‘A’. Paisito complicado si los hay. No por acaso el animal más típico de la fauna autóctona nacional, de Norte a Sur, no es la llama que llama ni el cóndor, el hornero, el puma ó el yaguareté como enseñaban los libros de geografía de Maria V. Malharro y editorial Kapeluz: es la vieja y entrañable ‘gata flora’, aquella que grita cuando no llora… Pobre Sabella: la que le espera. 
(*) Director Perfil Brasil y creador de SoloFútbol

La peor defensa de la historia

Por qué la selección argentina ya no es el rival a vencer en el Mundial de Brasil. Las falencias en el fondo y la falta de jugadores indiscutidos en el puesto.
Pablo Zabaleta, Marcos Rojo, Federico Fernández y Ezequiel Garay, defensores predilectos de Sabella. / AFP
Por 
Aquí, en Brasil, cada hoja del calendario que cae refuerza una percepción tan interesante como inesperada: la Argentina no es el rival a vencer. Poco más de un año atrás, cuando Brasil era dirigido por Mano Menezes y Lionel Messi vivía su mejor temporada, ningún brasileño dormía tranquilo si en la charla de la sobremesa nocturna se hablaba del Mundial. 

El fantasma de ver a la Selección blanquiceleste dar la vuelta olímpica en el Maracaná sobrevolaba cualquier insomnio. Era real. En esa época Brasil jugaba mal y ganaba con fórceps; en tanto, la Argentina parecía superar las irregularidades de la era Batista y Messi empezaba a parecerse, en la Selección, a su ‘doble’ del Barcelona. Hoy, la cosa cambió ‘aquí y allá’. 

Llegó Felipão a la dirección técnica ‘canarinha’ y arregló las desavenencias brasileras; no sólo unió al grupo –su especialidad–, como hizo los retoques necesarios para mostrar solidez defensiva (es el fuerte del actual equipo), fluidez en el medio y confianza en el talento de Neymar adelante, curiosamente, la línea más incierta, con menos recursos de Brasil: inimaginable hace 15, 30, ó 50 años atrás. 

En paralelo, en Argentina, Messi no alcanzó a ser totalmente el del Barcelona y hoy –en este exacto momento– no es, ni siquiera en el propio equipo catalán, el mismo que fue en 2012. Las lesiones conocidas y cierta ‘fatiga de estrellato’, lógica por otro lado, no sólo hicieron que perdiera, merecidamente, el último Balón de Oro a manos de Cristiano Ronaldo, sino que lo mostraron humano. “No es Súperman, es de carne y hueso y si es humano es marcable, puede anularse, a lo mejor se lastima”, etc. etc. dijeron sus rivales. 

Eso, más las últimas heridas de Agüero y un freno en el crecimiento artillero de Higuaín, iluminaron otros sectores de la Selección Argentina. Luz que descubrió dudas importantes en la mitad de cancha y confirmó la fatal desnudez del fondo. Esperemos un poco más para hablar del mediocampo argentino, pero insistamos en que la actual Selección tiene la peor defensa de la historia nacional en Mundiales y, tal vez, una de las más flojas que transitará la próxima Copa del Mundo. 

Intentemos comparar a la defensa de Sabella con las de la mismísima Selección en los últimos Mundiales. Desmenucémosla a la sombra de la historia. Comparemos nombres y línea. Hoy, los titulares son Pablo Zabaleta, Federico Fernández, Ezequiel Garay y Marcos Rojo. Sus suplentes, de acuerdo al histórico más y menos reciente, claramente son Hugo Campagnaro y José Basanta. Los otros ‘a ser convocados’ aún huelen a incógnita, por tanto no abramos tanto el abanico, concentrémonos en los ‘fijos’. El primer problema que aparece es que ninguno de todos ellos es crack de Selección, de esos indiscutibles, como ya supimos tener. 

No hay un Perfumo, un Passarella, un Ruggeri por citar algunos que en su momento estaban en la boca de cualquier hincha y que todo técnico hubiese convocado. Nadie los dejaba afuera. Esos, y muchos más, eran defensores tan ‘cantados’ como lo son hoy Messi, Di María y Agüero de la mitad de la cancha hacia adelante. Bien, de esos ‘de Selección’ no hay ni uno solo y por ello nuestros escalofríos cuando el rival tiene la pelota y nos ataca… 

El segundo problema, serio, es que entre suplentes y titulares no hay diferencias. Esto no es ni habitual ni normal. Salvo en épocas de cosecha generosa, como aquellas donde se acuñó la famosa frase de “tenemos dos cracks para cada puesto”, lo que era más o menos verdad porque Stábile no sabía si poner a Dellacha o Alfredo Pérez y el ‘Toto’ Lorenzo dudaba entre Ramos Delgado o Navarro, épocas de potreros inagotables… Pero no es el caso actual, y si entre suplentes y titulares no hay distancia… la luz roja queda encendida. Por ejemplo, en el 66, una de las mejores Selecciones que el país presentó en una Copa, la de Inglaterra, Perfumo era indiscutiblemente mejor que el firme de Calics, Albrecht superaba al bueno de Varacka y Marzolini largamente se imponía a la seguridad de Nelson López; solamente los laterales derechos Simeone y Ferreiro se equivalían. 

Sin ir tan lejos, en el 98, en Francia, Zanetti, Ayala, Sensini y Chamot se destacaban por sobre sus suplentes Nelson Vivas, Pablo Paz y Mauricio Pineda. La lógica caminó y aún camina por estas líneas más o menos rectas y tradicionales. O debiese caminar… Ahora comparemos lo que eligió Sabella y lo que colocó en cancha Maradona en Sudáfrica 2010. Zabaleta, Fernández, Garay y Rojo son individual y colectivamente inferiores a Demichelis, Nicolás Burdisso, Samuel, Heinze y Clemente Rodríguez (todos vistos en aquél momento, ya que hoy envejecieron lo suficiente como para estar abandonando el fútbol en algunos casos). A ellos se sumaba el mejor central que había aparecido en esos últimos tiempos, Nicolás Otamendi (perjudicado, después por el posicionamiento que le dio Maradona). 

No estaba nada mal esa línea aunque fuese discutible Jonas Gutiérrez y obviamente inentendible la convocatoria de Ariel Garcé. Pero, aceptemos, los titulares no eran peores que los de otras selecciones de ese Mundial, en líneas generales los nuestros eran mejores (aunque terminasen ‘comiendose’ cuatro goles ante Alemania). Mínimamente el 75% de ellos eran elegidos en las encuestas populares por cualquier otro técnico, periodista ó hincha. Eran ‘esos’. 

El arquero de Maradona fue el mismo Romero de Sabella, sólo que aquél Romero estaba en su momento ascendente, cosa que no sucede ahora. Pero impidamos que el arquero nos distraiga de la defensa propiamente dicha. Ya hablaremos de los arqueros. José Pekerman, en 2006, llevó a Fabricio Coloccini, Roberto Ayala, Gabriel Heinze, Juan Pablo Sorín, Leandro Cufré y otra vez el mayor de los Burdisso. En conjunto, un poco menos que lo presentado por Maradona, pero mucho más de lo que desea llevar Sabella a Brasil, fuera que aquella era una base que había comenzado a trabajar Bielsa, lo que ayudaba al entendimiento colectivo. 

El principal e imperdonable pecado de Pekerman fue dejar afuera de esa lista a Zanetti. Pero, puede decirse sin temor a errar, que ‘había una defensa’ más allá de que, personalmente, nunca entendí como Sorin pudo ser un profesional del fútbol y haber llegado adónde llegó; pero eso es otra cosa y tampoco debe distraernos ahora. Por fin, en 2002 Bielsa eligió para Corea y Japón a Zanetti, Walter Samuel, José Antonio Chamot, Mauricio Pochettino y los discutibles Sorin y Diego Placente. Nuevamente menos que lo posterior pero claramente más que lo que ‘hay hoy’. 

Casi todos los nombrados en estas comparaciones por lo menos, y ya que los entrenadores le dan un absurdo sobre-valor a eso, jugaban en Ligas y/o clubes importantes. Porque ni siquiera eso se puede decir de los elegidos de Sabella… Veamos los centrales. Federico Fernández y Ezequiel Garay juegan en el Nápoles y el Benfica después de haber ido a préstamo al Getafe, sí al Getafe, el primero, hace un año, y no haber pasado la prueba de fuego del Real Madrid, el segundo, cuando tuvo esa oportunidad en 2010. Por tanto uno juega en un club sin aspiraciones en una gran Liga, la italiana y el otro milita en el mejor club de una Liga secundaria, la portuguesa; ninguno actúa en un gran club de una gran Liga. 

Basanta, el sustituto de ellos, menos aún: desde que salió del semillero de defensores sabellianos, Estudiantes de La Plata, siempre jugó donde juega, en México. Juntos Fernández y Garay muestran altura, 1,89 y 1,88 respectivamente, pero en el área argentina cabecea todo el mundo. No ofrecen esa garantía que es la que más debiese distinguirlos. Siempre pensé que Sabella nunca probó a Javier Mascherano en la zaga central por una cuestión de estatura. Pero Mascherano, en el Barcelona, demostró ser mucho mejor central que Fernández, Garay o Basanta, más allá de su 1,74m. 

Los laterales. Pablo Zabaleta es el mejor de la línea entera, de todo el fondo, pero no es Zanetti aunque tenga un estilo semejante. Zabaleta es fuerte donde menos lo precisa esta selección, en las subidas. Marcando deja mucho que desear. Su salario de 350 mil euros mensuales lo convierte en el mejor pago de todos nuestros defensores y muestra que algún valor la propia Europa le da, aunque juegue en un club de caprichos de un millonario ruso y no haya sido elegido por, por ejemplo, un Ferguson, un entrenador de valía. Igualmente es el último a sustituirse si se pensara en eso. Por la izquierda, Marcos Rojo, de quien ya hablé en otras columnas y no tengo mucho más para decir. 

Puedo haber desaprendido lo poco que maestros como Spinetto, Miguel A. Juárez y Osvaldo J. Zubeldía, entre otros, me enseñaron, pero no consigo siquiera ver cuál es el fuerte de Rojo, que no es más que un Clemente Rodriguez sin Riquelme al lado y bastante ‘inferior’ al ex Boca. Del suplente de ellos, Hugo Campagnaro, me eximo de opinar porque antes de ser jugador profesional fue cronista de la revista SóloFútbol’ que fundé en 1985. Lo miro con ojos paternales, aunque objetivamente me esfuerzo y veo que está bien que sea el suplente de la defensa porque es el jugador argentino con más condiciones para ocupar cualquiera de los cuatro puestos de la zaga y, también, alguno en el medio de la cancha. 

Y eso, hoy, ya es bastante. La mejor manera de evaluar jugadores es pensando si uno los quiere tener en su equipo. Imaginemos que a un hincha de Newell’s se le dice que va a llegar Rojo para, así, vender a Milton Casco; ¿Se va a alegrar? No. Comentemos con un hincha de River que se está yendo el colombiano Alvarez Balanta pero llegará en su lugar Garay; ¿Lo haremos feliz? No. Digámosle a un un hincha de Lanús que Federico Fernández substituirá a Paolo Goltz; ¿Dará un salto de felicidad? No. Y cualquier hincha de su propio San Lorenzo apenas reconocerá que reemplazar a Buffarini por Zabaleta no será mucho más que ‘cambiar seis por media docena’ como dicen los brasileros. 

Ninguno de los cuatro titulares de la Selección le cambia la vida, ni siquiera la defensa, a ningún club argentino. Siendo así no hay mucho más para analizar… Y se entiende claramente por qué la Argentina ya no es el rival a vencer por Brasil en julio próximo. Si en los tres Mundiales anteriores, con mejores defensas, nos volvimos temprano, teniendo siempre buenos ataques, en este de Brasil, si hay lógica, no podremos llegar a la Final aunque tengamos a Messi. 

Todo no es culpa o responsabilidad de Sabella, porque faltan defensores del nivel de Perfumo, Passarella o Ruggeri en el fútbol argentino de nuestros días, es cierto, pero también es verdad que hay mejores que los elegidos. Que Prandelli, el DT italiano, haya convocado a Gabriel Paletta no sólo significa que Italia también está con problemas atrás, con el mismo lenguaje nos dice que Sabella no miró a todos los que debía observar… 

De hecho el último llamado, con un pequeño toque, a mi juicio, de marketing desesperado, a Gino Peruzzi y Lisandro López, para el amistoso con Rumania, más todas las otras convocatorias hechas para el amistoso ante Bosnia, indican que Sabella tiene alguna conciencia de todo esto ó, mínimamente, algunas dudas. Está bueno que las tenga porque su defensa, hoy por hoy, es la peor defensa de la historia argentina en Mundiales.

 (*) Director Perfil Brasil y creador de SóloFútbol