Seguramente, modo Checho off (?), Alejandro Sabella sea el próximo entrenador de la Selección Argentina. Aprovechamos entonces para hacer un repaso sobre vida y obra del querido Pachorra.
De movida nos cae bien. ¿Por qué? Porque esa granja de rehabilitación que es el predio de Ezeiza ahora tiene a un paciente ambulatorio posta (?). Cuenta la leyenda que Alejandro es bien del palo, que gusta de los Redondos, que cada tanto para relajar va a su huertita donde semillea de lo lindo (?). Al menos desde este impacto psico-social (?) hay una simpatía que comienza a ejercer sobre un amplio espectro del público argentino, y si a eso le sumamos que es peronista, bueno, ni te cuento (?). Más allá de todo, vale la pena repasar un poco a este interesante entrenador que llega a la Selección Argentina lo cual nos llena de ilusión, ¿será nuestra delbosquización?
Alejandro nació en Palermo, el 5 de noviembre de 1954 y de muy chico comenzó a jugar en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Se probó en Boca pero no quedó, en Racing tampoco y luego sí fue a River, donde por sus condiciones obviamente quedó, gracias a una gloria del club, Bruno Rodolfi. La camiseta 10 del ascendido, descendido, ascendido, vuelto a descender y re ascendido club (?) era propiedad exclusiva de Norberto Alonso quien por entonces no llamaba a conferencias de prensa por suerte.
Sabella tenía escasas oportunidades como para mostrar su talento bruto de sus jugadores, talento que no terminan de explotar ni siquiera los que triunfan afuera, de todas maneras tenía apariciones interesantes y con la baaaaaaaanda se llevó el título de 1975, cortando la sequía de los 18 años sin salir campeón, luego el Nacional y también el Metro de 1977. En el medio al Beto lo vendieron a Marsella, Sabella pudo tener su chance pero mucho no conformó, ni a Labruna ni a muchos hinchas. Alonso volvió de su fallido paso por Francia y Pachorra nuevamente fue a comer banco. En 1978, el Sheffield de Inglaterra hizo una oferta por Diego Maradona y en Argentinos los sacaron cagando. Buscaron por la misma plata qué se llevaban y no dudaron en contratar a Sabella quien pasó a dicho club en 180.000 libras. Así arranca el paso que tuvo Alejandro por la tierra de uno de sus dirigidos en el Pincha campeón de la Libertadores (?).
En el Sheffield no hizo una buena campaña, se negó a ir a Sunderland y finalmente fichó con el Leeds, donde tampoco descolló. Fue Carlos Bilardo quien estaba armando un gran equipo a comienzo de la década de los ochenta en Estudiantes el que vio la posiblidad de un regreso de Pachorra a Argentina. Con Marcelo Trobbiani, José Daniel Ponce y Miguel Angel Russo armarían un gran mediocamo que le daría al club de La Plata un par de títulos. Su gran control de pelota, su técnica, la gambeta, le daban a ese Pincha un toque de distinción sin dudas. Tuvo alguna oportunidad en la Selección mayor cuando Bilardo la tomó, e incluso en la Copa América de 1983 jugó algunos partidos. Pero luego quedó descartado para el mundial ya que el Narigón prefirió llevar a un potente Bochini, que tiro paredes con Diego en México (?), en lugar de a él o el Beto Alonso. Sabella luego estuvo en Gremio un par de años, pasó de nuevo por Estudiantes, jugó un poquito o casi nada en Ferro y finalizo su carrera en 1989 en el Irapuato de México.
Vendría por entonces un llamado de Daniel Passarella para que lo acompañara en el cuerpo técnico que estaba formando para hacerse cargo de River, luego de la victoria de Alfredo Dávicce en las elecciones. Junto a Américo Gallego, Pachorra se sumó al cuerpo técnico y como sabemos los éxitos fueron llegando. Acompañaría a Passarella en la Selección Argentina, también en Italia con el Parma, en Monterrey y Corinthians y luego un paso por River en 2006 también a lo que hay que agregarle el paso por la Selección de Uruguay. El 15 de marzo de 2009, Alejandro Sabella es nombrado técnico de Estudiantes con el visto bueno de su majestad (?). Lo que pasó recientemente es por todos conocido.
En ese mismo año ganaría la Copa Libertadores y disputaría el Mundial de Clubes donde le haría partido como nadie – salvo Mourinho y el Real Madrid – al Barcelona, quien lo daría vuelta la final. En 2010 logró otro título local y puso a Estudiantes como pilar hegemónico del fútbol argentino. Sus equipos eran una combinación de solidez, amor propio y algún destello, hasta se daba el lujo de jugar casi sin delanteros. El Pincha era un equipo realmente difícil de vencer. Cuando todo andaba supuestamente lo más bien, presentó su renuncia en febrero de este año. Al parecer algún conflicto con Juan Sebastián Verón habría determinado que Pachorra tomara esta determinación aunque nunca quedó del todo claro.
Estaba a punto de viajar para entrenar al Al-Jazira Sporting Club pero un llamado inminente ha demorado esta cuestión. Este es básicamente el derrotero de este tardío entrenador, quien creció en las sombras de Passarella y Gallego pero que cuando tuvo su oportunidad demostró lo suyo con un atributo que le da una trascedencia respecto al resto: la mansedumbre del que sabe.
Entonces, aprovechamos y recorremos un poco el perfil táctico de Alejandro Sabella sin olvidarnos que el tipo tiró peronismo en un balcón de una plaza (?). Sabella, lo escuchamos, habla pausado, piensa lo que va a decir, no se prorrumpe, no vocifera, jamás vende humo, no se escandaliza. Habla. No se trata de un entrenador jugadorista, es claro que sus equipos tienen un sentido colectivo que se impone a la individualidad y el factor mental es quizás lo más importante para ello.
En Estudiantes había concentraciones bastante cortas, el tiempo con la familia o de distracción era parte de la propia concentración y ello era fundamental para el alivio de la presión. Es decir, uno veía a Estudiantes y había un convencimiento de que primaba un espíritu ganador por encima de cualquier mezquindad, el hambre de gloria, la idea de permanecer y renovarse en las conquistas era algo que se retroalimentaba en ese equipo. Siempre el grupo por encima, el compañero era entonces la explicación de las trascendencia del Pincha. Esto, que parece una perogrullada, es complicado de lograr.
Un tipo de fútbol solidario, colectivo en su dimensión real, en un ambiente tan corrompido, lleno de presiones, divismos, prensa acólita, estupideces varias, no es tarea sencilla para nadie. Sabella jamás renegó de la tradición Pincha, mal llamada antifútbol, y adecuó esa cultura tan distinta del futbolista argentino de hoy, a ese estilo característico. Es decir, entre aquel Estudiantes de Zubeldía del 68 y el de Bilardo del 83, el anclaje de Pachorra se dio en una síntesis de lo mejor de ambos, atento a los recursos con los que contaba. Y salió bastante bien.
Por eso, es interesante Sabella. En chiste hablamos un poco de Vicente Del Bosque. Pero la optimización de lo tradicional con lo voraz de hoy necesita de esta voz calma. Del Bosque sin dudas se ha nutrido de la impresionante contribución futbolística que es el Barcelona. Pero ha sabido incorporar todo ello a otro registro futbolístico que es, fútbol de selecciones y un campeonato corto y complicadísimo como un mundial.
Esa calma, esa sabiduría, es el punto de conexión que podemos trazar entre ambos y es lo que nos puede dar un poco de esperanza. Es claro que el fútbol argentino no tiene un Barcelona, tampoco tiene una liga decente. Pero tiene la materia prima, tiene el talento sin dudas y tiene esta posibilidad de adecuación. Una voz distinta a las anteriores, la locura caótica y enamorante de Diego Maradona y el servilismo de empresa de Sergio Batista. Alguien que le esquiva a la polémica, no por tibio, sino porque pareciera que está por encima de ella. El tipo trabaja, hace lo suyo, que se maten los demás. Sin obsesiones insólitas, atento al juego meramente, lo apodan algunos el Loco quizás por alguna cuestión cabulera.
Que el proyecto, que Bilardo, que la mar en coche (?). La llegada de Sabella no es decididamente la llegada de uno más. Ojalá el fútbol argentino, todos, lo sepamos aprovechar.







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